Eclipse

El Secreto del Salmo 46 (2002)

Fue presentado por primera vez el 23 de Marzo de 2002 en la Game Developers Conference en San José, California. Estaba acompañado por un vídeo digital de un eclipse total de sol, sincronizado con una grabación al clavicémbalo de Die Kunst der Fugue de J.S. Bach (El Arte de la Fuga, BWV 1080, 1751).

Una versión ligeramente revisada fue presentada en el Worcester Polytech el 18 de Enero de 2007.

Más abajo hay una grabación de estudio de la conferencia de febrero del 2010, producida para ser incluida en el juego de Jonathan Blow The Witness. Emplea un excelente piano de modelado de Modartt en vez de un clavicémbalo.

Su duración es 58:06. Sigue una transcripción de la versión grabada.

§

¿Cuántos de ustedes han presenciado personalmente un eclipse total de sol?

Reposar un día en la sombra de la luna es uno de mis humildes objetivos en la vida.

Lo más cerca que he estado hasta el momento fue hace unos treinta años. El 26 de Febrero de 1976 un eclipse total de sol pasó justo por encima de la ciudad de Portland.

Compré mis tickets de autobús y encontré un lugar donde quedarme. Pero al final no pude conseguir el día libre en el trabajo.

Bueno, cualquiera que viva en Portland puede contarles que las posibilidades de tomar el sol en febrero son muy escasas.

Y casi seguro, el cielo sobre la ciudad aquel día estuvo completamente nublado. No podría haber visto nada.

El trabajo del que no pude ausentarme era mi primer trabajo fuera de la universidad: Empleado de ventas de una vieja tienda Radio Shack en el bello centro de Worcester, Massachusetts.

En mi primer día tras el mostrador, un camión de reparto se detuvo frente a la tienda.

Llevaban una gran caja de cartón, sobre la cual estaba impresa la leyenda TRS-80. Era nuestra muestra de tienda del primer microcomputador para el mercado de masas del mundo.

El original TRS-80 Modelo I tenía un procesador Z80 clockeado a 1.7 megahertzios, 4.096 bytes de memoria, y una pantalla de texto en blanco y negro de 64 caracteres. El único almacenamiento era un grabador de cassettes. Todo esto podía ser tuyo por el módico, módico precio de 599$.

La tienda en la que trabajaba había visto días mejores.

En un tiempo, había estado cerca del centro de un próspero distrito comercial.

Pero como muchas otras ciudades de Nueva Inglaterra, el advenimiento de los centros comerciales la habían convertido, a comienzos de los 70’, en una ciudad fantasma.

La solución de Worcester a este problema fue decisiva, cuanto menos.

Los mandamases de la ciudad aparentemente decidieron que si no podían vencerles, se les unirían.

Y así, varios bloques de edificios del corazón de la ciudad fueron demolidos hasta los cimientos, destruyendo docenas de negocios familiares, incluyendo el local de una farmacia que una vez fue regentada por mi bisabuelo.

En su lugar fue erigido un enorme centro comercial de tres pisos, con cines y un área de restaurantes.

Cuando el polvo se asentó, sólo unos pocos bloques abandonados permanecieron en pie.

Mi tienda Radio Shack estaba en uno de esos bloques.

Luego, para colmo de males, Radio Shack abrió un flamante local nuevo dentro del centro comercial, a menos de 500 pies1 de mi tienda.

De modo que los clientes podían elegir entre un limpio y bien iluminado establecimiento con seguridad uniformada y acres de cómodo estacionamiento, o un oscuro agujero en un sórdido y viejo edificio de oficinas cercano a una sala X.

Consecuentemente, tuve mucho tiempo para trastear con el nuevo ordenador.

Aprendí programación en BASIC. Después ensamblador para Z80. Ambos, por supuesto, para poder escribir juegos.

También creé demos animadas auto-ejecutables que funcionaban toda la noche en el escaparate de la tienda para deleite de los borrachos que orinaban en nuestro portal.

Curiosamente, los pocos clientes que teníamos no parecían estar interesados en nuestro nuevo ordenador, incluso después de la ampliación a 16K de memoria.

De hecho, la mayoría de los que accionaban el timbre al atravesar la puerta principal no estaban ahí para comprar nada en absoluto.

Estaban ahí para aprovechar una promoción gratuita que fue la pesadilla de los empleados de Radio Shack durante más de cuarenta años: El Club de la Pila Mensual.

La idea de esta promoción era simple.

Los clientes tenían una pequeña tarjeta roja sobre la cual había impreso un cuadrado por cada mes.

Doce veces al año, el afortunado vendedor podía perforar un cuadrado y dar al cliente una pila triple–A, doble-A, C, D o de 9 voltios completamente nueva.

Por supuesto, a los clientes no se les permitía elegir cualquier categoría de pila.

Durante mi época como empleado, Radio Shack ofrecía tres categorías distintas de excelencia en pilas.

En primer lugar estaban las alcalinas, potentes, de larga duración y caras, colgando tras el mostrador como medicamentos con prescripción en envases de plástico con relieves dorados.

Estas sin duda no estaban disponibles a través del Club de la Pila Mensual.

Después estaban las pilas de plomo de gama alta, fuertes, de confianza, con un precio moderado, y prominentemente expuestas cerca del frontal de la tienda.

Estas tampoco estaban disponibles a través del Club de la Pila Mensual.

Finalmente, al fondo del barril, estaban las pilas de plomo normales.

Éstas estaban literalmente apiladas en barriles, hábilmente situados en la parte trasera de la tienda, en un oscuro rincón cerca de las antenas de TV. ¿Se acuerdan de las antenas de TV?

Los clientes que acudían en busca de su Pila Mensual gratuita tenían que recorrer todo el local, pasadas las emisoras de radio, los cascos estéreo y los coches de carreras por control remoto.

Nada les paraba.

El primer día de cada mes, como un reloj, estos clientes entraban agitando sus pequeñas tarjetas rojas.

Yo levantaba la vista de mis programas y les dirigía hacia la parte trasera de la tienda.

No importaba que las pilas sólo costaran veintinueve céntimos.

No importaba que la mitad de ellos estuvieran medio muertos.

Venían. Cogían. Y, por lo que puedo recordar, ninguno de ellos pagó jamás una puñetera cosa.

Yo era un vendedor malísimo. Era joven y alocado.

Pensaba que mi formación en diseño de juegos estaba dándose al teclado.

Casi me pierdo la lección que llegaba por la puerta principal.

Afortunadamente, yo no era el único trasteando con juegos en microprocesadores.

Por todo el país, gente como yo estaba experimentando.

Scott Adams codificaba lo que pronto se convertiría en el primer juego de aventuras comercial. ¿Se acuerdan de los juegos de aventuras?

La futura empresa para la que trabajaría, Infocom, estaba siendo fundada, junto con otras compañías legendarias como On-Line Systems, Sirius, Personal Software y SSI.

Eran tiempos emocionantes.

Había adolescentes haciendo fortunas.

Los juegos eran baratos y fáciles de hacer. La pizarra estaba limpia.

Pero en 1979, las grandes noticias sobre juegos no tenían que ver con los ordenadores.

En la mañana del equinoccio de otoño, el 20 de Septiembre, un nuevo libro ilustrado para niños apareció en las tiendas de Gran Bretaña.

Este libro era bastante peculiar.

Consistía en 15 dibujos en color meticulosamente detallados, que ilustraban un cuento de fantasía ligero acerca de un conejo que llevaba una joya a la luna.

En la contraportada del libro había una fotografía en color de una auténtica joya con forma de conejo corriendo, de cinco pulgadas de largo, hecha de oro de 18 quilates, suspendida por ornamentos y campanas, junto con un sol y una luna de cuarzo azul.

Según el anuncio que había debajo, esta joya había sido enterrada en alguna parte de Inglaterra.

Las pistas que apuntaban hacia su paradero estaban ocultas en el texto y en las imágenes del libro.

El tesoro pertenecería a cualquiera que lo encontrara primero.

El libro se llamaba Masquerade. Fue creado por un hombre pequeño y excéntrico con ojos divergentes y talento para las travesuras llamado Kit Williams.

En pocos días, la primera edición se había agotado. Y el Imperio que Nunca Duerme se encontró en garras de la Fiebre del Conejo.

Lectores emocionados atacaban las imágenes con reglas, compases y transportadores.

Artículos de revistas y programas especiales de TV diseccionaban las pistas, lanzaban teorías, y seguían con deleite las hazañas temerarias de los fanáticos.

Un oscuro parque, desafortunadamente conocido por el sobrenombre de Rabbit Hill, estaba tan acribillado de agujeros excavados por buscadores desorientados que las autoridades tuvieron que poner señales asegurando que no iban a encontrar conejos de oro ahí.

Algunos buscadores acabaron buscando asesoramiento psicológico para su obsesión.

La locura saltó el Océano Atlántico e invadió América, Francia, Italia y Alemania.

Vendió un millón de copias en pocos meses, un récord indiscutible para cualquier título infantil hasta la llegada de Harry Potter.

Unas 150.000 copias se vendieron en traducciones a idiomas extranjeros, incluyendo 80.000 copias en japonés, a pesar del hecho de que el enigma sólo podía resolverse en Inglés.

No importaba que la joya de Masquerade tuviera un valor de unos pocos cientos de dólares.

Muchos buscadores gastaron mucho más que eso en sus meses de viajes y exploración.

Era la emoción de la búsqueda. La posibilidad de ser El Elegido.

Las búsquedas del tesoro, los mensajes y cosas ocultas parecen ejercer una atracción irresistible.

Son divertidas de buscar, y de comentar.

Y este hecho de psicología humana ha sido explotado en los juegos de ordenador desde sus primeros días.

Encuentran su expresión en las sorpresas ocultas que llamamos Easter eggs.2

A Steven Wright de Atari se le atribuye el haber acuñado el término en el primer número de la revista Electronic Games.

El primer Easter egg en un juego de ordenador comercial apareció en uno de los primeros cartuchos de la Atari 2600 llamado, simplemente, Adventure.

Mediante una secuencia de movimientos inverosímiles y oscuros manejos, los jugadores podían descubrir una habitación secreta donde las palabras “Creado por Warren Robinet” aparecían en letras brillantes.

Durante décadas, los Easter eggs y su hermano malvado, los códigos de trucos, se han convertido en una industria dentro de la industria.

Revistas enteras y páginas Web se dedican ahora a su descubrimiento y difusión cuidadosamente orquestados.

Son parte de nuestras herramientas, nuestro vocabulario básico, el lenguaje del diseño de juegos de ordenador.

Los jugadores de ordenador pueden haber sido los primeros en referirse a las sorpresas ocultas como Easter eggs, pero ciertamente no fueron los primeros en utilizarlas.

Pintores, compositores y artistas de todas las disciplinas han estado escondiendo cosas en sus obras desde hace siglos.

La reciente llegada de los vídeos domésticos y los reproductores de laserdisc con capacidad para congelar la imagen expusieron décadas de secretos eróticos de Disney.

Thomas Kinkade, el auto-proclamado “Pintor de la Luz”, se entretiene escondiendo la letra N en sus obras. Un número junto a su firma indica cuántas Ns hay escondidas en cada pintura.

Picasso, Dali, Raphael, Poussin y docenas de otros pintores ocultaron toda clase de cosas en sus cuadros.

Un truco favorito era esconder retratos de ellos mismos, sus familias, amigos y compañeros artistas en escenas multitudinarias.

A El Greco le encantaban los perros. Pero la Iglesia Católica le prohibió que incluyera alguno en sus pinturas sagradas.

De modo que los escondió, generalmente en el contorno de las nubes celestiales.

El compositos Dmitri Shostakóvich irritó a la censura política impuesta por el Ministerio de Cultura Soviético.

Sus sinfonías y obras de cámara están cargados de sintonías secretas y subtextos subversivos que, de haber sido reconocidos, le hubieran mandado a Siberia.

La ópera de Mozart La Flauta Mágica está llena de alusiones musicales a los rituales de los Masones, la antigua sociedad secreta de la cual él y su mentor Haydn eran miembros.

Pero el más famoso proveedor de Easter eggs es ese campeón del Barroco tardío, el empollón musical definitivo, Johann Sebastian Bach.

Bach era un estudioso de la gematría, el arte de asignar valores numéricos a las letras del alfabeto: A=1, B=2. C=3, y así sucesivamente.

Al comparar, secuenciar, o manipular de alguna otra manera estos números, se pueden ocultar mensajes secretos.

Bach se deleitaba especialmente con los números gematríacos 14 y 41.

14 es la suma de las iniciales de su apellido: B=2, A=1, C=3 y H=8.

41 es la suma de sus iniciales expandidas, J S BACH.

Estos dos números aparecen una y otra vez en las composiciones de Bach.

Uno de los ejemplos más conocidos es su arreglo de la coral “Vor deinen Thron”.3

La primera línea de la melodía contiene exactamente 14 notas, y la melodía completa de principio a fin contiene 41.

Otro de los juegos favoritos de Bach era el canon rompecabezas.

Un canon es una melodía que suena bien cuando la tocas sobre sí misma, un poco desincronizada.

“Freres Jaques” y “Row, Row, Row Your Boat” son ejemplos familiares de cánones simples, a dos voces.

Pero un canon puede emplear cualquier cantidad de voces.

Y tampoco tienes que tocar cada voz de la misma manera.

Puedes cambiar la octava, transponer el tono, invertir la cadencia, tocarlo al revés, o cualquier otra combinación.

Encontrar melodías que hagan buenos cánones de múltiples voces es un arte difícil y exigente, del cual Bach era un maestro indiscutible.

Ahora bien, en un canon rompecabezas, el compositor especifica la melodía básica y el número de voces, pero no la relación de las voces.

El estudiante tiene que resolver la posición y el tono de cada voz, y si debe ejecutarlas invertidas y/o al revés.

Bach escribió unos cuantos cánones rompecabezas. El más famoso, BWV 1076, es parte de una historia fascinante.

Uno de los discípulos de Bach era un hombre llamado Lorenz Mizler, fundador de la Sociedad de las Ciencias Musicales.

Esta institución de élite, accesible sólo con invitación, se dedicaba al estudio de la filosofía Pitagórica y la unión de la música y las matemáticas.

Su distinguido directorio de afiliados puede leerse como un Quién es Quién de los compositores Alemanes, incluyendo a Händel, Telemann y con el tiempo Mozart.

Los candidatos a miembros de la Sociedad tenían que enviar un retrato al óleo de sí mismos, junto con una muestra original de música.

Con repelente eficacia, el miembro número 14 de la sociedad decidió combinar esos requisitos de admisión en una única obra.

Se sentó para hacerse un retrato con Elias Haussman, artista oficial en la corte de Dresde.

Este retrato, que ahora está colgado en la galería del Ayuntamiento de Leipzig, es la única imagen indiscutiblemente auténtica de Bach que existe.

El retrato de Haussman muestra a Bach vestido con una chaqueta formal que tiene exactamente 14 botones. En su mano hay una hoja de papel musical en la cual está escrito un canon rompecabezas para seis voces simultáneas.

En 1974 se encontró un manuscrito que probaba que este canon era el decimotercero de una serie de exactamente 14 cánones basados en el tema de fondo de las famosas Variaciones Goldberg.

Y por si estas piruetas musicales no fueran suficientes, a Bach le gustaba esconder mensajes secretos en sus composiciones asignando notas a las letras.

Sus iniciales B-A-C-H corresponden a la secuencia de tonos Si bemol, La, Do mayor y Si4 en notación Alemana.

Este tema hace su aparición más memorable en los últimos compases de su última composición, El Arte de la Fuga, publicada justo tras su muerte en 1750.

La palabra “fuga” viene del latín fuga, que significa huida (como al correr).

De modo que el arte de la fuga es el arte de la huida, el arte de coger un tema y correr con él.

Bach escribió cientos de fugas, pero ninguna tan sublime como esta secuencia de 14.

En la última y más complicada fuga de la serie, la primera y segunda secciones se desarrollan normalmente. A esto le sigue la firma B-A-C-H, y entonces, sin previo aviso o justificación estructural, la fuga se para en seco.

Uno de los 20 hijos del compositor, su hijo Carl Philipp Emanuel, afirmó que Bach murió pocos momentos después de que estas notas se escribieran. Esta historia probablemente es apócrifa.

Los Easter eggs en la música de Bach son una agradable oscuridad, conocida principalmente por profesores y estudiantes de música Barroca.

Pero en Marzo de 2002, cuando esta conferencia se impartió por primera vez, estos Easter eggs eran la comidilla de la industria de la música clásica al completo.

Asentado cerca de la cúspide de las listas de música clásica ese mes había un compact disc de la casa ECM llamado Morimur.

Estaba interpretado por el conjunto coral Hilliard junto a un talentoso pero, hasta entonces, desconocido violinista, Christoph Poppen.

La música de Morimur se basa en análisis gematríacos de la Partita en Re Menor para solo de violín de Bach.

Este análisis, de la profesora alemana Helga Thoene, asigna valores numéricos a la duración de las notas, el número de compases, y el cifrado musical Alemán de la Partita. Al hacer eso, ella afirma haber descubierto el texto completo de varias ceremonias litúrgicas codificadas en las notas.

El CD presenta estos textos escondidos, superpuestos sobre la música original. El resultado es extrañamente melancólico, oscuro, cautivador, y muy, muy popular.

Numerosos críticos musicales atacaron al disco.

No se tragaban el análisis de la Profesora Thoene, calificándolo de combinación entre numerología y truco publicitario.

Su prudencia no estaba injustificada.

La numerología es una pendiente resbaladiza por la que muchas grandes mentes han caído hacia su perdición.

Permítanme ofrecer una divertida anécdota de mi propia experiencia.

Allá por los años 90, antes del despegue de internet, uno de los bulletin board systems más populares en línea era el llamado Prodigy.

Compré una cuenta en Prodigy, de tal forma que podía unirme a un grupo de interés y chismorrear con otros miembros a lo largo de todo el país.

Un día, un extraño apareció en nuestro boletín. De inmediato, supe que teníamos un problema.

Este tipo, cuyo nombre era Gary, comenzó a soltar toda clase de tonterías apocalípticas sobre conspiraciones mundiales, sociedades secretas y culto al diablo.

Al principio intentamos ser educados.

Pusimos en duda sus fuentes, corregimos sus historias, refutamos lógicamente sus exposiciones, y tratamos de comportarnos de manera civilizada.

Pero en lugar de calmarlo, nuestra atención sólo le hizo empeorar.

Sus avisos conspiratorios se volvieron apremiantes. Empezó a amenazar a la gente que no estaba de acuerdo con él. Para acuñar una expresión, Gary se puso Mayúsculo.5

Pero sus advertencias más urgentes no eran sobre los gays, los Judíos, los Rockefeller o los Illuminati.

Según Gary, el mayor enemigo de la humanidad era Santa Claus.

Gary afirmaba tener una fórmula numérica secreta que “probaba” más allá de la duda que Santa Claus era un avatar del Anticristo.

Intrigados, presionamos a Gary para que revelara su fórmula. Y al hacer eso, caímos directos a su trampa. Deberíamos haber sabido que tenía un libro que vender.

Yo piqué. Le envié quince pavos. En menos de una semana llegó el libro.

Sobre una siniestra fotografía del Monumento a Washington estaba blasonado el título: ¡666: La Advertencia Final!6

Dentro de este monstruo de 494 páginas de impresión privada, Gary revelaba una simple fórmula gematríaca que según decía había sido desarrollada por los antiguos Sumerios.

Esta fórmula asignaba sucesivos productos de 6 a cada letra del alfabeto: A=6, B=12, C=18, etc.

¡Imaginen mi consternación cuando apliqué esta antigua fórmula al nombre “Santa Claus” y obtuve la blasfema suma de 666, el Número Bíblico de la Bestia!

Fui a Prodigy e informé a los anonadados miembros de nuestro grupo de interés que Gary tenía razón, después de todo. No había duda de que, según la intachable sabiduría de la antigua Sumeria, Santa Claus era el Anticristo.

Entonces señalé otros nombres en los que, aplicada la fórmula de Gary, también se producía la suma de 666.

Nombres como “Saint James”, “New York” y “New Mexico”.

Pronto el boletín estaba plagado de descubrimientos como “computer”, “Boston tea” y, el más siniestro de todos, “sing karaoke”.

Gary nos dejó en paz después de eso. Saqué partido a mis 15$ dólares.

Pero Gary no es la primera persona en enlazar códigos secretos con la Biblia.

La gente ha estado buscando Easter eggs en la Biblia durante cientos de años.

La tradición mística Hebrea de la kabbalah puede describirse como una meditación gematríaca sobre el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento.

La llegada de las computadoras ha hecho que la aplicación de la numerología a la Biblia sea rápida y eficiente.

La última avalancha de búsqueda bíblica fue instigada por un libro publicado en 1998 por Michael Drosnin, un antiguo reportero del Wall Street Journal.

Su libro, El Código Secreto de la Biblia,7 aplicaba un salto de cifra, en el que cada carácter nth en un texto es combinado para formar un mensaje.

Aplicando este salto de cifra al texto Hebreo del Antiguo Testamento, Drosnin afirmaba haber descubierto predicciones de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, Hiroshima, el asesinato de Yitzhak Rabin y ambos Kennedys, el aterrizaje en la luna, Watergate, el atentado de Oklahoma, la elección de Bill Clinton, la muerte de la Princesa Di y el cometa que chocó con Júpiter.

También encontró predicciones de un gigantesco terremoto en Los Angeles, un meteorito impactando contra la tierra, y el armageddon nuclear, todo programado para ocurrir antes del final de la década pasada.

El Código Secreto de la Biblia pasó muchas semanas en las listas de bestsellers, engendrando varias secuelas y docenas de imitadores.

La Biblia ciertamente ha atraído a un buen lote de chiflados.

Pero para los auténticos buscadores de secretos, nada puede rivalizar con la ingenuidad, la tenacidad académica, el celo obstinado de aquellos que buscan respuesta al mayor enigma literario.

Un enigma venenoso que ha dilapidado fortunas, destruido carreras, y conducido a académicos inteligentes y sanos a la locura y más allá.

¿Quién escribió Shakespeare?

§

Los ensayos y libros dedicados al problema de la autoría de Shakespeare son suficientes para llenar una biblioteca grande. Varias de esas bibliotecas existen en realidad.

Ni siquiera un tutorial de todo un día, mucho menos una conferencia de una hora, pueden acercarse a hacer justicia a esta compleja, extraña y peligrosamente atormentadora historia.

Sin embargo, para los que desconozcan el tema, trataré de resumir el problema en unos pocos párrafos.

Los hechos indiscutibles sobre la vida y carrera de Shakespeare podrían ser escritos en el dorso de una servilleta de papel.

Sabemos a ciencia cierta que un hombre llamado William Shakespeare nació en 1564 en la localidad de Stratford-upon-Avon o sus alrededores.

Sabemos que tenía una esposa y al menos tres hijos. Sabemos que compró propiedades en Stratford, que estuvo involucrado en varios pleitos con sus vecinos y que murió allí en 1616, a la edad de 52 años.

También sabemos que durante esos mismos años, un hombre con apellido similar a Shakespeare trabajó como actor en la escena Londinense, convirtiéndose con el tiempo en co-propietario de algunos teatros de ahí.

También sabemos que, por esa misma época, una serie de poemas y obras de teatro excelentes se publicaron en Londres bajo el nombre de Shakespeare.

No sabemos a ciencia cierta si el terrateniente en Stratford y el actor en Londres con apellido similar eran una misma persona.

No sabemos a ciencia cierta si alguno de los dos tenía algo que ver con los poemas y las obras.

Todo lo que sabemos es que esos poemas y obras de teatro han llegado, en los cuatrocientos años desde su composición, a ser consideradas como la cumbre de la cultura occidental.

Las obras atribuidas a Shakespeare parecen haber sido escritas por un hombre o mujer que sabía algo de casi todo.

Están llenas de referencias a la mitología y literatura clásicas, los juegos y los deportes, la guerra y sus armas, los barcos y la navegación, la ley y la terminología jurídica, las normas de etiqueta de la corte, la estadística, la horticultura, la música, la astronomía, la medicina, la cetrería y, por supuesto, el teatro.

Ahí está el problema.

¿Cómo puede el hijo de un granjero de dudosos estudios en un pueblo donde la mayoría son analfabetos, un hombre prácticamente sin importancia, manejar tal conocimiento enciclopédico con tanta elocuencia e ingenio, tanta sabiduría y entendimiento del ser humano?

Durante los primeros 150 años, nadie cuestionó la historia tradicional del Bardo.

Entonces, a finales del siglo dieciocho, el Reverendo James Wilmot, un distinguido estudioso que vivía sólo a unas pocas millas al norte de Stratford, decidió escribir una biografía del famoso dramaturgo.

El Dr. Wilmot creía que un hombre tan bien educado como Shakespeare debería haber poseído una biblioteca bastante extensa, a pesar de que ni un solo libro o manuscrito es mencionado en su testamento.

Al pasar los años, especuló, algunos de estos libros debían haber acabado en colecciones locales.

Y así, el buen Reverendo Doctor recorrió la campiña Británica, inventariando literalmente cada estantería a menos de 50 millas de Stratford.

Ni un sólo libro de la biblioteca de William Shakespeare fue descubierto.

Ni siquiera se encontraron cartas para, de o sobre Shakespeare.

Además, ninguna referencia al folclore, refranes o dialectos locales distintivos del área de Stratford pueden encontrarse en obras de Shakespeare.

Tras cuatro años de minuciosa investigación, el Dr. Wilcot llegó a la conclusión, para disgusto suyo, que sólo un contemporáneo de Shakespeare procedente de Stratford había demostrado alguna vez la amplia educación y talento expresivo necesarios para componer aquellos poemas y obras de teatro.

Ese hombre era el autor multilingüe, filósofo y estadista, inventor del Método Científico y Canciller de las Cortes de la Reina Elizabeth y el Rey James, Sir Francis Bacon.

El Dr. Wilmot nunca se atrevió a publicar su teoría. Pero antes de morir se la confió a un amigo, James Cowell, quien en 1805, se la repitió a una junta de la Sociedad Filosófica de Ipswich. Los miembros de la sociedad se indignaron adecuadamente, y el asunto escandaloso fue rápidamente olvidado.

Entonces en 1857, una dama de Stratford – Stratford, Connecticut – publicó un libro llamado The Philosophy of the Plays of Shakespeare Unfolded.8

En su libro, la Señorita Delia Bacon, sin parentesco con Francis, afirmaba que las obras de Shakespeare fueron escritas por un grupo secreto de la nobleza Británica incluyendo a Sir Walter Raleigh, Sir Philip Sidney así como Sir Francis Bacon.

El libro de Delia Bacon electrificó el mundo de las letras.

Las líneas de batalla se dibujaron entre los ortodoxos Stratfordianos y los heréticos Baconianos.

Sociedades literarias y revistas académicas se crearon para debatir la evidencia.

Cientos de panfletos, artículos periodísticos y ensayos defendieron cada postura, y ridiculizaron a la oposición con esa saña auto-engrandecedora propia de los académicos numerarios.

Armada con su explosivo libro, Delia Bacon viajó hasta Stratford-upon-Avon y, sorprendentemente, obtuvo permiso oficial para abrir la tumba de Shakespeare.

Sin embargo, cuando llegó el momento de levantar la tapa, las dudas de Delia sobre sí misma precipitaron un catastrófico colapso nervioso.

Más tarde murió sin un duro en un manicomio.

Alrededor de 1888, las cosas empezaron a salirse un poco de madre.

El Congresista de los E.E.U.U. Ignatius Donnelly de Minnesota se interesó por la controversia de Shakespeare. Un día, revisando su copia facsímil del First Folio de 1623,9 notó que la palabra “bacon” aparecía en la página 53 de las Historias y también en la página 53 de las Comedias.

También notó que Sir Francis Bacon había escrito extensamente sobre el tema de la criptografía.

Donnelly comenzó a contar números de líneas y páginas, añadiendo y eliminando letras, dibujando líneas sobre frases, rodeando palabras con un círculo y tachándolas.

El resultado fue un complejo y virtualmente incomprensible algoritmo que según él había sido inventado por Bacon para esconder mensajes secretos dentro del First Folio.

La mayor búsqueda de Easter eggs de la historia de la civilización Occidental había empezado.

He aquí un par de las tonterías más destacadas.

Un doctor llamado Orville Owen de Detroit construyó una estrafalaria herramienta de búsqueda a la que llamó Ruleta de la Fortuna.

Esta ruleta se componía de dos gigantescos carretes de madera envueltos con una tira de lona de dos pies de ancho y mil pies de largo.10

En esta lona pegó páginas separadas de las obras completas de Bacon, Shakespeare, Marlowe, Greene, Peele y Spenser, junto con la Anatomía de la Melancolía de Burton.

Girando los carretes hacia adelante y hacia atrás, el Dr. Owen podía pasar rápidamente sobre las páginas en busca de pistas y referencias cruzadas.

Empleando a un gran equipo de secretarias y taquígrafas, Owen afirmó haber descubierto una historia alternativa completa de Elizabeth de Inglaterra, así como varias obras de teatro y sonetos de Shakespeare totalmente nuevos.

Escuchen este verso escondido, supuestamente escrito por el mismísimo Bardo en persona, que inspiró al Dr. Owen a construir su Ruleta de la Fortuna.

Toma tu cuchillo y corta en pedazos todos nuestros libros
Y pon las hojas en una gran y firme rueda
Que ruede y ruede, y girando la voluble rueda
Lanza tus ojos sobre la Fortuna
Esa diosa ciega, que se yergue sobre una piedra esférica
que, girante e inconstante, rueda
en variación turbulenta.

Tras publicar cinco gruesos volúmenes de esta basura, Owen anunció el descubrimiento de un anagrama que indicaba que los manuscritos originales de Bacon estaban enterrados cerca del Castillo de Chepstow en el río Wye.

Owen gastó los siguiente quince años y miles de dólares excavando el lecho del río con botes tripulados y potentes explosivos.

Murió antes de que se encontrara nada.

Un tipo llamado Arensberg escribió un libro entero basado en el análisis de la importancia de una grieta sospechosa en la tumba de la madre de Bacon.

Un rayo de cordura apareció finalmente en 1957.

Para aquellos familiarizados con la ciencia de la criptología, el nombre de William Friedman no necesita presentación.

Durante la II Guerra Mundial, el Coronel Friedman era jefe de la oficina de criptoanálisis del ejército de los E.E.U.U.

Se le atribuye el haber roto uno de los cifrados militares más sensibles del Imperio Japonés.

Tras la guerra, el Coronel decidió aplicar su experiencia al estudio de los cifrados de Shakespeare. Entrevistó a varios de los expertos en el campo, y preparó un detallado análisis científico, el cual publicó bajo el nombre de The Shakespeare Ciphers Examined.11

¿Su conclusión? En una palabra, chorradas.

De acuerdo a los estándares de la ciencia criptológica, ninguno de los mensajes ocultos supuestamente descubiertos en las obras de Shakespeare era plausible.

Las reglas usadas para extraer estos mensajes de los textos eran imprecisas, descabelladamente subjetivas, e irrepetibles por cualquiera a excepción del codificador original.

La gente involucrada no estaba siendo deshonesta.

Estaban canalizando sus ideas preconcebidas.

Estaban atrapados en un laberinto de ilusiones, extrayendo orden del caos.

Podrían pensar que la exposición fría e implacable de Friedman sería suficiente para silenciar a los herejes de una vez por todas.

Ni por asomo. Los libros, especiales de TV, páginas Web, conferencias y disertaciones doctorales siguen llegando.

Debería señalar que el problema de la autoría de Shakespeare no preocupa sólo a chiflados y bichos raros.

Un número sustancial de autores respetados y Shakespearianos han expresado sus serias dudas acerca del origen tradicional de las obras.

La lista incluye a Nathaniel Hawthorne, Ralph Waldo Emerson, Walt Whitman, Henry James, Sam Clemens, Sigmund Freud, Orson Welles y Sir John Gielgud.

Entre los escépticos con vida se encuentran el director artístico del New Globe Theater, Mark Rylance; Michael York, Derek Jacobi, Kenneth Branagh, e incluso el más venerado y académico de los actores Shakespearianos contemporáneos, Keanu Reeves.

El actual candidato a la cabeza de la autoría es Edward de Vere, el decimoséptimo Conde de Oxford, una teoría propuesta por primera vez en 1920 por un maestro de escuela inglés con el desafortunado nombre de J. Thomas Looney.12

¿Qué hay en Bach, la Biblia y la obras de Shakespeare que inspira ese intenso escrutinio?

Nadie busca acrósticos en Chaucer o Keats.

No hay CDs de éxito con las corales secretas de Wagner o Beethoven.

Para obtener una respuesta, necesitamos reconocer el papel único que la Biblia y Shakespeare han tenido en el desarrollo de la cultura Occidental.

Ningún otro ejemplo de la literatura ha influenciado al Inglés Moderno más que la traducción de la Sagrada Biblia publicada en 1611 bajo el auspicio del Rey Jacobo I.

La Biblia del Rey Jacobo ejemplifica el significado de la palabra clásico.

Ha servido de inspiración para generaciones de poetas, dramaturgos, músicos, políticos y oradores.

Innumerables personas han aprendido a leer repitiendo las frases de este libro, el único que su familia poseía.

Nuestras constituciones y nuestras leyes han sido modeladas en profundidad por sus ritmos y metáforas.

Pero incluso la gloria de la Biblia del Rey Jacobo, elaborada por un comité de 46 editores en el transcurso de una década, palidece ante el deslumbrante legado del Cisne de Avon.

La estimación más baja de uso de vocabulario de Shakespeare es de 15.000 palabras, más de tres veces la de la Biblia del Rey Jacobo, y dos veces el tamaño de su competidor más cercano, John Milton.

Sus poemas y obras fueron escritas sin ayuda de un diccionario o tesauro. No existían todavía. Todo estaba en su cabeza.

Cuando Shakespeare tenía una idea para la cual el Inglés Isabelino no tenía un término, inventaba uno.

El Diccionario Inglés de Oxford enumera cientos de palabras y frases de uso habitual que hicieron su primera aparición en las páginas del Bardo.

Adicción. Caimán. Asesinato. Dormitorio. Crítica. Amanecer. Diseño. Diálogo. Empleador. Película. Brillo. Sombrío. Chismorreo. Pista. Prisa. Inversión. Solitario. Equipaje. Manager. Cambio. Tortura. Trascendencia. Agujero. Disparatado.13

Sólo Hamlet contiene cerca de cuarenta de estos neologismos.

¿Quién tendría hoy día esta audacia, esta frívola exuberancia inventiva?

Sólo otro autor Inglés puede acercarse a la facilidad de Shakespeare para acuñar nuevos términos: Sir. Francis Bacon.

En la era moderna, el récord lo ostenta Charles Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll, quien, interesantemente, también resulta ser el segundo autor más citado en Inglés, después de Shakespeare.

Todo el mundo ha sido profundamente moldeado por la influencia de la Biblia del Rey Jacobo. Nos guste o no, todos vemos el mundo a través de la lente de estas grandes obras.

Son los principales documentos fuente del pensamiento Inglés moderno, las guías de estilo de nuestra mente.

Contemplar estas resplandecientes joyas de sabiduría y elocuencia nos provoca un sentimiento extraordinario.

Una potente, extraña y preciosa emoción con el potencial de perturbar completamente tu vida.

Una emoción suficientemente poderosa como para hacer que un hombre abandone a su esposa e hijos, pierda su carrera y su reputación, sacrifique sus posesiones y siga a su corazón sin cuestionarse.

Esa dulce, dulce fusión de maravilla y miedo, irresistiblemente atractiva y atormentadora de almas conocida como admiración.

La admiración es el Grial del logro artístico. Ninguna otra emoción humana posee tal crudo poder transformador, y ninguna es más difícil de evocar.

Muy pocas y distantes entre sí son las obras del hombre que puedan calificarse como verdaderamente impresionantes.

Es la admiración la que convence al rabino para que pase su vida descifrando a Yahweh en el Pentateuco.

Admiración que manda a millones de visitantes cada año a las Pirámides de Giza, a Guadalupe y la Meca.

Fue admiración lo que condujo a la pobre Delia Bacon a su perdición.

Ahora, por favor ¡No se marchen de esta conferencia pensando que la clave para un diseño de juegos apasionante es la inclusión de Easter eggs!

Los juegos normales, con sus Easter eggs y códigos de trucos artificiales son como el club de la Pila Mensual.

Tienes que arrastrarte hasta el fondo de la tienda para conseguir aquello para lo que habías venido.

Si lo que la gente quiere realmente son super poderes ¿Por qué no se los damos sin más?

¿Está tan empobrecida nuestra imaginación que tenemos que recurrir a trucos de márketing para mantener a los jugadores interesados en nuestros juegos?

Las cosas apasionantes no se guardan nada.

Las cosas apasionantes son ricas y generosas.

El tesoro está ahí.

Una tarde, estaba sentado a solas tras el mostrador de aquella vieja tienda Radio Shack. Mi jefe había salido por alguna razón.

Una anciana entró por la puerta principal.

Como la mayoría de nuestros clientes, vestía pobremente. Probablemente tenía unos ingresos ajustados.

Asumí que estaba ahí por la pila gratis.

Pero en vez de eso, puso una radio portátil sobre el mostrador.

Esta radio provenía de los días en los que se jactaban por el número de transistores dentro de la carcasa.

Estaba completamente envuelta con sucio esparadrapo blanco.

La mujer me miró, y me preguntó: ¿Puedes arreglar esto?

Poco a poco desenvolví el esparadrapo, pelando las capas hasta que la cubierta trasera de la radio cayó, acompañada por una nube de polvo rojo.

El interior de la radio estaba medio carcomido por las fugas de la pila y la corrosión.

Miré a la radio. Miré a la anciana. Volví a mirar a la radio.

Busqué tras de mí, donde las caras pilas alcalinas colgaban como medicamentos con prescripción, y saqué una flamante pila de nueve voltios de su envoltorio de plástico dorado.

Entonces cogí un transistor nuevo de su caja, instalé la pila alcalina y ayudé a la señora a encontrar su emisora favorita.

No hubo intercambio de dinero. Se fue de la tienda sin decir una palabra.

Las cosas apasionantes son algo así.

Bach ofreció a sus estudiantes una visión muy específica sobre el origen del asombro.

Además de B-A-C-H, otros dos conjuntos de iniciales se asocian a la música de Bach.

Estas iniciales no están escondidas en las notas. En vez de eso, están garabateadas justo en la parte superior de sus manuscritos para que todo el mundo las viera.

Las iniciales son SDG y JJ.

SDG se refiere a la frase latina Soli Deo Gloria, “Sólo para la Gloria de Dios”.

JJ se refiere a Jesu Juva, “Ayúdame Jesús”.

Bach escribió todas sus grandes obras maestras sub specie aeternitatis, “bajo la forma de eternidad”.

Él no compuso sólo para complacer a sus patrocinadores, o para ganarse la aprobación de la audiencia. Su trabajo era su culto.

Bach escribió una vez, “La música no debería tener otro fin y objeto que la gloria de Dios y la recreación del alma. Donde esto no se tenga en cuenta no hay música auténtica, sino solamente clamor infernal y desvaríos”.

El nombre del poder que te mueve no es importante.

Lo que importa es que te mueve.

La admiración es el fundamento de la religión.

Ninguna otra motivación puede liberarte de las limitaciones de la realización personal.

Nada más puede enseñarte El Arte de Volar.

Los juegos de ordenador apenas tienen cuarenta años.

Sólo unos pocos términos de nuestro vocabulario básico se han establecido.

Un diccionario entero espera a ser acuñado.

La pizarra está limpia.

Algún día pronto, quizás incluso mientras vivamos, aparecerá un diseño de juego que atravesará nuestra cultura como un rayo.

Será fácil de reconocer.

Será generoso, frívolo en su exuberante inventiva.

Los estudiosos lo analizarán durante décadas, quizás siglos.

Será algo maravilloso. Algo terrorífico. Algo tremendo.14

Hace unos años fui invitado a dar una conferencia en Londres.

Mi esposa se unió a mí, y nos tomamos un día libre para hacer turismo.

Decidimos visitar la segunda-mayor atracción turística de Inglaterra, Stratford-upon-Avon.

Hacía frío y llovía cuando nuestro tren llegó.

Afortunadamente, la mayoría de las atracciones están a pocos pasos de la estación.

Visitamos el lugar de nacimiento de Shakespeare, una encantadora casa antigua en la calle principal que atrae a millones de peregrinos cada año, a pesar de la completa ausencia de cualquier evidencia de que Shakespeare naciera allí, o incluso de que viviera en algún lugar cercano.

Pasamos por el colegio donde Shakespeare aprendió a leer y escribir, aunque no existan documentos que prueben su asistencia.

Fuimos a la cabaña de Anne Hathaway, la finca rústica donde su esposa pasó la infancia, aunque ningún registro muestre que nadie con ese nombre hubiera vivido jamás allí.

Finalmente llegamos a la única ubicación asociada innegablemente con Shakespeare: la iglesia Trinity Parish, a orillas del río Avon, donde un hombre con ese nombre está enterrado.

A esta hermosa iglesia se llega a través de un largo camino, entre filas de lápidas antiguas, a la sombra de grandes árboles.

La puerta de entrada es sorprendentemente pequeña. Dentro no se permiten cámaras.

El interior es oscuro y tranquilo. A pesar de la presencia de montones de turistas, la atmósfera es silenciosa y respetuosa. Algunos se sientan en los bancos, inmersos en la oración.

Un pasillo conduce al centro de la iglesia.

La parte izquierda del altar está brillantemente iluminada. En la pared de encima hay un busto del Bardo, pluma en mano, contemplando serenamente a la multitud de peregrinos.

Abajo en el suelo, rodeado por ramos de flores, justo en el punto donde Delia Bacon perdió la cabeza, la lápida de William Shakespeare soporta esta terrible advertencia:

Buen amigo por gracia de Dios abstente
De cavar el polvo aquí encerrado
Bendito sea el hombre que perdone estas piedras
Y Maldito el que mueva mis huesos.

Cada año, tres millones de peregrinos llegan desde todas las naciones de la Tierra para acercarse a esta piedra y considerar el parecido de un hombre cuyas obras sólo pueden ser descritas como impresionantes.

Por el contrario, el lado derecho del altar es oscuro y sin rasgos distintivos.

Nadie está enterrado ahí en ningún caso.

El único punto de interés es una caja de madera, de diseño sencillo, tallada en roble oscuro.

Dentro de la caja, sellado tras una gruesa lámina de cristal, se encuentra un gran libro abierto.

Una placa en la caja identifica este libro como una primera edición de la Biblia del Rey Jacobo, publicada en 1611, cuando Shakespeare tenía 46.

No muchos peregrinos visitan este lado del altar.

La mayoría de los que lo hacen simplemente contemplan el libro, leen la placa y se marchan.

Unos pocos, más observadores, se percatan de que la Biblia resulta estar abierta en una página del Antiguo Testamento: el Libro de los Salmos, capítulo 46.

No hay explicación por esta particular elección de páginas.

Para los iniciados, no es necesaria.

Si tienden a ser inquisitivos, si están intrigados por la historia y la literatura Inglesas, si valoran su paz interior, tápense los oídos, ahora.

En el año 1900, un erudito se percató de algo en el Salmo 46 de la traducción del Rey Jacobo.

La 46ª palabra desde el comienzo del Salmo 46 es “shake”.

La 46ª palabra desde el final es “spear”.

Sólo existen dos posibilidades aquí.

O bien esta es la mayor coincidencia jamás registrada en la historia de la literatura universal.

O, no lo es.

§

La Tierra gira en torno a un único sol, y sólo tiene una luna.

La luna es casualmente 400 veces más pequeña que el sol.

El sol está casualmente 400 veces más lejos.

Y las órbitas aparentes de la luna y el sol en nuestro cielo se cruzan por casualidad exactamente dos veces cada mes.

Lo que quiere decir que de vez en cuando, a intervalos largos pero perfectamente predecibles, el disco lunar se cuela por delante de la cara del sol y justo lo oculta apenas por unos pocos maravillosos y terribles minutos.

Una gran coincidencia ¿No?

§

En Junio de 1977, un hombre pequeño y excéntrico con ojos divergentes y talento para las travesuras ascendió una colina en el pueblo Inglés de Ampthill.

En la cima de esta colina hay una cruz grande y esbelta, un monumento conmemorativo a Catalina de Aragon, la primera esposa de Enrique VIII.

El sol, alto por el sur, proyectaba la sombra de la cruz sobre la ladera cubierta de hierba.

Exactamente a las 12 del mediodía, el hombre sacó de su bolsillo una barra magnética. Giró el imán de tal forma que el polo norte estaba orientado hacia el sur, y lo enterró bajo la sombra de la cruz.

Dos años más tarde, unas pocas horas antes de la publicación de su primer libro, el hombre volvió a aquella colina, esta vez en la oscuridad de la noche.

Usó una brújula para localizar el imán que había enterrado.

En ese mismo lugar, cavó un hoyo en el suelo y depositó en su interior un contenedor cerámico inscrito con las siguientes palabras:

“Yo soy el guardián de la Joya de Masquerade, esperándote a ti, o a la Eternidad”.

. . .

Traducción: Daniel Alonso Martínez (a 12/09/2012)

1. 500 pies equivaldrían a unos 150 metros. (N. del T.)

2. También se conoce el término como “Huevo de Pascua”. (N. del T.)

3. También conocido en castellano como “Ante tu trono me presento, Señor”. (N. del T.)

4. Estas notas corresponden en cifrado alemán a B, A, C, H. En cifrado inglés corresponden a B flat, A, C, B tal y como podría verse en el texto original. (N. del T.)

5. El autor hace aquí un juego de palabras intraducible con la expresión “all Upper Case”, que significa “en el caso más alto” y guarda parecido con la palabra “uppercase”, que significa “mayúsculas”. (N. del T.)

6. El título original del libro es 666: The Final Warning! (N. del T.)

7. El título original del libro es The Bible Code, y en España ha sido publicado por Planeta en 2005. (N. del T.)

8. No se encontró versión en castellano de esta obra. (N. del T.)

9. El First Folio es la primera compilación de las obras teatrales de Shakespeare. (N. del T.)

10. Esto vendría a ser algo más de medio metro de ancho y trescientos metros de largo. (N. del T.)

11. No se encontró versión en castellano de esta obra. (N. del T.)

12. Looney en inglés significa loco, chiflado. (N. del T.)

13. La lista corresponde a los siguientes términos: Addiction. Alligator. Assasination. Bedroom. Critic. Dawn. Design. Dialogue. Employer. Film. Glow. Gloomy. Gossip. Hint. Hurry. Investment. Lonely. Luggage. Manager. Switch. Torture. Transcendence. Wormhole. Zany. (N. del T.)

14. Aquí el autor hace un juego de palabras intraducible. Utiliza awe-ful, “lleno de admiración”, que guarda un gran parecido con awful, que significa “tremendo”. (N. del T.)

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